viernes, 6 de julio de 2012

Bezaleel y Aholiab llamados para una obra magna


“Mira, yo he llamado por nombre a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá […] Y he aquí que yo he puesto con él a Aholiab hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan; y he puesto sabiduría en el ánimo de todo sabio de corazón, para que hagan todo lo que te he mandado" (Ex. 31:2,6).

En la época bíblica se atribuía al nombre una considerable importancia, hay una relación directa entre el nombre y la persona o cosa nombrada;  el nombre participa de alguna manera en la esencia que tiene por objeto revelar.  Un nombre en la antigüedad representaba el carácter, la historia o naturaleza  del individuo, el nombre estaba estrechamente ligado con la existencia.  Lo que no tenía nombre no existía (Gén. 2:19-20; Ecl.6:10).

Bezaleel “en la protección de Dios” y Aholiab “mi carpa/tienda paterna” fueron llamados por Dios para una obra especial. Ambos cristalizarían y ejecutarían lo que se le presentó a Moisés.  Qué impresionante es saber que Dios nos conoce por nuestro nombre. No somos un  número más en la gran lista de criaturas de Dios. Dios nos conoce por nuestro nombre. Cuando estaba en el colegio, algunos de mis profesores estilaban no llamarme por mi nombre sino por números. Dios no es así… me llama por mi nombre.
Es interesante notar que si bien es cierto Bezaleel y Aholiab eran varones con talentos y dones, gozaban de experiencia en lo que de alguna manera u otra Dios requería; lo que impresiona es que Dios no los deja solo con sus habilidades y destrezas sino que los capacita con sabiduría y los dota del Espíritu Santo para que “hagan todo” lo que había mandado. Y es que cosas espirituales demandan hombres espirituales.

Algún lector puede estar pensando en cómo fue su llamado: “Bezaleel y Aholiab gozaban de experiencia y talentos o dones, ¿y qué de mí? ¿Yo no tengo ningún talento? ¿Yo no sé hacer nada bueno en los asuntos del Señor? Déjame decirte que Dios no tiene hijos “inútiles”. La Biblia enseña que Dios dotó a algunos con cinco talentos, a otros con tres y a otros con uno… pero a todos le dio al menos uno (Mt. 25). Esto quiere decir que todos, de alguna manera u otra tenemos algún don o talento que Dios nos ha dado. El problema es que probablemente no lo estamos usando.

Pero, hay un detalle mucho más extraordinario. Cuando Dios nos llama,  no nos ve como somos: con defectos, errores, fracasos y temores sino más bien cómo llegaremos a ser con su intervención. Es cierto que algunos llamados sí tienen un sin número de talentos, pero Dios nos ve lo que ven nuestros ojos (1 Sam. 16:7).

Podríamos concluir diciendo que (1) Dios no nos llama al azar, lo hace porque nos conoce, (2) Dios nos llama y nos capacita con su Espíritu Santo porque para su servicio es necesario que sea así, (3) Todos, de alguna manera u otra tenemos algún talento o don, (4) para que Dios nos llame es importante lo que sabemos y la experiencia, pero no determina, pues Dios desea que sus hijos sean obedientes, se pongan en sus manos.
Hoy es un nuevo día, hay muchos desafíos que cumplir. No olvides que Dios te llamó, y su llamado es de suma importancia en Su plan. Eres importante para la obra que Él te ha encomendado.

Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

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